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Written by 9:08 AM Inteligencia Artificial Views: 8

Davos 2026: IA de pilotos a productividad, riesgos laborales y nueva competencia global

Davos 2026: IA entre el boom y la burbuja

La reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos 2026 dejó un mensaje claro: la inteligencia artificial ya no es solo hype, pero todavía está lejos de entregar valor masivo en la economía real. Líderes empresariales, reguladores y organismos multilaterales coincidieron en que el reto ya no es probar la IA, sino convertirla en productividad medible, empleo de calidad y crecimiento inclusivo.

Satya Nadella, Kristalina Georgieva, Demis Hassabis y otros protagonistas cruzaron diagnósticos: mientras los CEOs hablan de “piloto perpetuo”, el FMI advierte de un “tsunami” en el mercado laboral y los expertos en geopolítica ponen la mira en chips, energía y control tecnológico como el nuevo campo de poder global.

De pilotos eternos a productividad real

Un punto clave en Davos fue la frustración con las pruebas de concepto que nunca escalan. El presidente global de PwC, Mohamed Kande, subrayó que más de la mitad de las empresas asegura que está “obteniendo nada” de la IA, pese a fuertes inversiones iniciales. El problema, insistió, no es la tecnología, sino la ejecución: datos desordenados, procesos mal definidos y una gobernanza débil están frenando el retorno de inversión.

El nuevo consenso pasa por abandonar el enfoque experimental fragmentado y apostar por una estrategia top‑down:

  • La alta dirección debe seleccionar unos pocos casos de uso con impacto directo en ingresos, costos o experiencia de cliente, y empujar su adopción a escala.
  • La IA deja de ser “laboratorio” y se integra en el core de negocio, desde operaciones y logística hasta finanzas y atención al cliente, con métricas claras de productividad.

Nadella advirtió que, si los beneficios de la IA se concentran solo en las big tech, el boom actual se parecerá más a una burbuja que a una nueva revolución productiva. Para evitarlo, la tecnología debe democratizarse y traducirse en mejoras visibles en salud, educación, sector público y competitividad de las pymes.

“Tsunami” laboral: empleo en juego

En el frente laboral, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, fue tajante: la IA está golpeando el mercado de trabajo “como un tsunami”, especialmente en economías avanzadas. Los análisis del propio Fondo señalan que alrededor de 40% de los empleos a nivel global están expuestos a cambios por IA, con una cifra que sube hasta 60% en países desarrollados.

Este impacto no significa necesariamente despidos inmediatos, pero sí una transformación acelerada de tareas, perfiles y salarios, con riesgo de agrandar las brechas entre trabajadores que dominan las nuevas herramientas y quienes se quedan atrás. Davos insistió en tres líneas de acción:

  • Upskilling y reskilling masivo: gobiernos y empresas deben invertir en habilidades digitales y uso efectivo de herramientas de IA, no solo en infraestructura.
  • Políticas de protección y transición: desde seguros de desempleo y apoyo al ingreso, hasta programas para reconvertir trabajadores de sectores altamente automatizables.
  • Regulación responsable: marcos que impulsen innovación, pero limiten usos abusivos que puedan agravar desigualdad y precariedad.

Mientras algunos, como Demis Hassabis, ven una transición progresiva que todavía requiere sistemas más consistentes antes de sustituir masivamente trabajos, otros expertos advierten de un escenario de fuerte crecimiento del PIB combinado con desempleo elevado, porque las economías no se reestructuran a la misma velocidad que la tecnología.

Energía, “tokens” y nueva geopolítica de la IA

La geopolítica de la IA también ocupó un lugar central, con el debate sobre chips avanzados, energía y cadenas de suministro como ejes de la nueva competencia entre potencias. Satya Nadella introdujo la idea de los “tokens” —las unidades de cómputo que consumen los modelos de IA— como una nueva mercancía global, comparable a la electricidad. Según su visión, el crecimiento de cada país estará cada vez más ligado al costo y disponibilidad de energía para generar esos tokens.

Esto abre una brecha clara entre economías capaces de construir data centers eficientes, asegurar energía relativamente barata y desarrollar talento especializado, y aquellas que dependen de infraestructuras caras o inestables. El propio Nadella advirtió que la sociedad podría retirar “el permiso” para usar tanta energía en IA si no ve beneficios concretos en servicios públicos, productividad y bienestar social.

En paralelo, voces como la de Dario Amodei han comparado la exportación de chips de alto rendimiento a China con “vender armas nucleares”, al considerar que reduce la ventaja tecnológica de Estados Unidos y eleva riesgos de seguridad. La carrera por el liderazgo de IA se vuelve así un juego de poder que mezcla control de semiconductores, regulación, alianzas regionales y estándares éticos.

Lo que viene tras Davos 2026

Davos 2026 no ofreció respuestas definitivas, pero sí un mapa de los dilemas que marcarán los próximos años: cómo pasar de pilotos a productividad, cómo proteger a los trabajadores sin frenar la innovación y cómo evitar que la IA profundice fracturas geopolíticas. El mensaje transversal fue que la ventana de tiempo para ordenar esta transición es corta: la adopción tecnológica se acelera, pero las políticas, los sistemas educativos y la cultura corporativa siguen yendo por detrás.

Para gobiernos, empresas y trabajadores, el reto es doble: capturar las ganancias de eficiencia y nuevos modelos de negocio que ofrece la IA, y al mismo tiempo gestionar el “tsunami” laboral y geopolítico que la acompaña. Davos 2026 confirma que la verdadera discusión sobre IA ya no es si llegará, sino quién ganará con ella y quién se quedará fuera.

 

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Last modified: 20 de enero de 2026

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