Inteligencia Artificial en el Gobierno: retos y límites
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Cada vez que escucho a los asistentes personales como Siri o Alexa hablarnos desde un teléfono celular, recuerdo el impacto de la Inteligencia Artificial (IA). ¿Qué podría implicar el uso de estos asistentes en la Administración Pública? ¿Nos ayudarían a tener mejores servicios públicos? ¿Los ciudadanos podríamos pagar impuestos a través de estos asistentes con sólo darle la instrucción? ¿Dónde están los límites y los retos de la Inteligencia Artificial en el gobierno?

El desarrollo de la IA no es algo nuevo. Hay quienes reportan que comenzó desde la época de los griegos cuando se hablaba de los hombres automatizados. Sin embargo, la conferencia académica de 1956 en el Darmouth College, en New Hampshire, Estados Unidos fue la que sembró esta idea en muchos investigadores y comenzó su desarrollo de forma sistemática. Posteriormente, el libro Máquinas que piensan: una investigación personal sobre la historia y las perspectivas de la inteligencia artificial de Pamela McCorduck (publicado en 1979) fue un trabajo que le dio orden y fundamentos a este campo de estudio, y se convirtió en un referente de las investigaciones posteriores.

A partir de esa fecha se han hecho numerosas investigaciones en el campo de la Inteligencia Artificial, que cubre lógica difusa, sistemas multi-agentes, algoritmos genéticos, redes neuronales e inteligencia de enjambre, entre muchos otros sistemas. De acuerdo con Ravelo y Carbonell, los estudios de IA han crecido consistentemente entre 2006 y 2010. El problema es que no llegan a publicarse en otros idiomas distintos al inglés.

En los últimos cinco años, este auge ha crecido considerablemente con el surgimiento de nuevos procesadores. El aumento en la velocidad de procesamiento permite que la IA pueda desarrollar sus herramientas y aplicaciones con mayor facilidad a menores costos.

IA y Administración Pública

En el gobierno, el uso de la Inteligencia Artificial tiene su antecedente más remoto en el desarrollo de la máquina que descifró las claves de Enygma, aquel encriptador de comunicaciones nazi, que fue “roto” por el ingenio de Alan Touring. A partir de entonces, el uso de IA ha servido para el lanzamiento de cohetes tanto espaciales como bélicos (transcontinentales), hasta su uso para espionaje militar y la creación de bases de datos sobre terrorismo.

Se han documentado casos de éxito y fracaso. Por ejemplo, en los años noventa, una primera aplicación de IA en un portaaviones norteamericano fue un terrible error porque buscaba reducir gastos y aumentar la eficiencia, pero el personal militar no sabía cómo usarla y terminó por desecharse.

Sin duda, esta situación ha ido cambiando en las últimas dos décadas y se ha aprendido mucho sobre el tema. Tal es el caso del uso de IA en las tareas policiacas, por ejemplo, la predicción de crimen en Chicago, usando redes neuronales que analizan una gran cantidad de incidentes tomados de la base de datos del Departamento de Policía.

El caso de los servicios públicos es diferente. En Buenos Aires se han comenzado a utilizar soluciones de Inteligencia Artificial para automatizar las respuestas de los ciudadanos que solicitan algún servicio. En Madrid se lanzó recientemente un servicio en la nube que, apoyado por IA, está enfocado en mejorar la comunicación con los ciudadanos.

Muchos otros servicios implementados en las ciudades inteligentes, así como en la gestión pública, comienzan a aparecer en aplicaciones y en los escritorios de los burócratas, sin que todavía lleguen a los ciudadanos.

En materia de políticas públicas vinculadas, hay enormes retos que afrontar, por ejemplo, el Departamento de Defensa de Holanda encargó a un equipo de expertos que desarrollara un estudio para defenderse de posibles amenazas de IA en el futuro. El estudio concluye con siete recomendaciones; una de ellas es que, para lograr una prevención de amenazas de este tipo, se debe crear un ecosistema digital que no sólo incluya el desarrollo de proyectos de IA, sino de tecnologías emergentes como Big Data para hacer frente a los retos por venir.

Por su parte, el gobierno mexicano ha comenzado un uso incipiente:

  • El Sistema de Administración Tributaria (SAT) presume el uso de tecnologías de Machine Learning para mejorar el cumplimiento de obligaciones fiscales.
  • La Ciudad de México está recolectando información sobre la calidad del aire para predecir los niveles de contaminación en unos años.
  • Los datos obtenidos por el Mapatón de la CDMX (en torno a rutas del transporte público, en un esfuerzo por generar base de datos abiertos a través de la colaboración ciudadana) están siendo analizados por distintas empresas que utilizan IA.
  • Uno de los ejemplos más claros es el desarrollo de la plataforma Waze y Google Maps, los cuales usan datos actualizados de tráfico (analizados por IA) para dirigir a los automovilistas por caminos más eficientes.
  • Recientemente, Yolanda Martínez, encargada de la Estrategia Digital Nacional (EDN), ha dicho que se está elaborando un diagnóstico de las capacidades que México tiene para traer talento en IA y que esto formará parte de un Plan Nacional de Inteligencia Artificial (EIA) en el futuro.

El siguiente nivel de la Revolución Digital

La Inteligencia Artificial no es la evolución de la firma electrónica, ni tampoco el gobierno sin papel que deje de emitir oficios: es la siguiente fase de la Revolución Digital del Gobierno Inteligente, donde el reto no es cambiar la organización gubernamental para adaptarla a la IA, sino impedir que la IA se apodere del gobierno.

El uso de la Inteligencia Artificial tiene grandes retos tanto en su implementación como en la gobernanza. El futuro de estas tecnologías en el gobierno es incierto, pues están modificando los patrones de comportamiento y las estructuras gubernamentales, además de cambiar las funciones de la burocracia al mejorar procesos, pero al mismo tiempo exponen información que antes estaba oculta y que servía para alentar la corrupción. De alguna manera, la IA ha controlado más la productividad de las personas, sus comportamientos en el flujo de trabajo y la información que circula por ella.

Es por eso que surge otro problema: ¿Cómo gobernar la Inteligencia Artificial en el gobierno y hasta dónde debe llegar su uso? Y es que bien nos puede pasar como en las películas futuristas donde las máquinas se apoderen del gobierno. Recientemente, una serie canadiense que circula por Netflix (bajo el nombre de Viajeros) presenta un mundo futurista, que es gobernado por una IA llamada “El Director”, que puede enviar personas al pasado para “alterar” el curso de los acontecimientos históricos. ¿Podría ocurrir esto en un futuro cercano?

Tal parece que hoy en día tenemos un “director” en cada asistente virtual que conduce nuestras vidas a través del celular, limitando nuestros comportamientos y conocimientos. La IA ha invadido nuestras vidas sin darnos cuentas. Quizás lo haga también en el gobierno y debemos estar preparados para ello.

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