El parque vehicular es uno de los generadores de mayor contaminación en las ciudades, si no es que el principal. De acuerdo con el sitio SunEarthTools.com, un sedán medio típico produce 192 gramos de CO2 (dióxido de carbono) por kilómetro recorrido. Si llevamos esto a la distancia promedio que recorre un automóvil en México, en 20 mil kilómetros nos da cerca de 4 toneladas por cada uno.

Para detener el cambio climático, el monto máximo de producción de dióxido de carbono por persona debe ser de 2 toneladas, de acuerdo con el sitio MyClimate.org. Claramente en el corto, mediano y largo plazo la situación es insostenible. Hemos alterado el ciclo de producción y recuperación de CO2 por los medios naturales y debemos pensar en soluciones.

Vehículos eléctricos como alternativa

Uno de los esfuerzos en este sentido es el vehículo de motor eléctrico que, si bien en el agregado total de la huella de carbono no equivale a cero emisiones, sí disminuye considerablemente la producción de dióxido de carbono, sobre todo si la electricidad producida proviene de energía solar, eólica o alguna otra que no involucre el consumo de hidrocarburos. Trabajar en la producción de electricidad sin consumir combustibles fósiles es la segunda parte de una solución basada en vehículos eléctricos.

La oferta de automóviles propulsados puramente por electricidad es aún pequeña, pero la introducción de soluciones que compiten en prestaciones con los vehículos de combustión propone un escenario interesante. Sin embargo, los factores de decisión para los consumidores no deben basarse únicamente en la consideración de diseño, autonomía, confort y otros elementos que generan competencia entre los distintos automóviles de manera tradicional.

El beneficio de tener un parque vehicular que no origine emisiones de carbono (sobre todo a centímetros de nuestros pulmones) es un factor que los gobiernos locales y nacionales deben tomar en cuenta para establecer políticas públicas enfocadas en alentar la adopción de esta alternativa. El componente de beneficio social no puede ser ignorado. Gobiernos como el de California en los Estados Unidos de América lo han entendido y por ello ofrecen incentivos económicos directos en impuestos. Por ejemplo, el apoyo para adquirir un auto con batería enchufable asciende a más de 10 mil dólares en la región del Valle de San Joaquín, Orange County, Los Ángeles, Riverside y San Francisco.

Transporte verde en México

En nuestro país, hay ventajas para optar por un auto eléctrico, pero hace falta mucho más. La CDMX no es la única que presenta problemas de contaminación atmosférica; según el Global Urban Air Pollution Database, Monterrey muestra un registro de 36 microgramos (mcg) de partículas finas (2.5 micras), mientras que Toluca tiene 33 mcg. Les siguen Salamanca con 28, León con 27, Irapuato con 26 y Silao con 24. Puebla y la Ciudad de México quedan en séptimo sitio con 20 mcg y Guadalajara con 19.

El gobierno federal y los gobiernos locales deben entonces crear incentivos para adquirir opciones eléctricas. Hoy en día, en la CDMX los vehículos híbridos y eléctricos están exentos del pago de la tenencia (este tipo de automotores rebasan el tope del subsidio a este impuesto), además de que no requieren la verificación de emisiones. Si bien estos vehículos son accesibles para un segmento alto de mercado, el consumidor debe contar con estímulos más agresivos al enfrentar la decisión de compra.

8 medidas innovadoras de corto plazo

Pueden implementarse para la creación de un parque significativo de vehículos eléctricos:

  1. Deducir la compra (prorrateada en los primeros 4 años de vida del vehículo)
  2. También podría deducirse una parte del precio de compra en autos eléctricos usados
  3. Deducibilidad de la adquisición de las baterías de reemplazo
  4. Tarifa favorable de carga eléctrica residencial
  5. Lugares preferentes de estacionamiento
  6. Beneficios fiscales para quienes pongan estaciones de recarga pública en sus predios
  7. Paso libre por vías de paga
  8. Uso de carriles confinados donde estén disponibles

Estas son algunas opciones en el corto plazo para motivar la obtención de vehículos eléctricos. Actualmente, un consumidor que enfrenta la decisión de compra de un vehículo de muy alta gama debe poder contar con alicientes extras

Como ejemplo, las series más altas de vehículos de lujo rondan los 2.2 millones de pesos (aproximadamente $110,000 USD). Un Tesla S con rango de 473 kilómetros tiene el mismo precio. La decisión debe guiarse no sólo por la fría comparativa de números, ya que el beneficio a la salud pública que provoca un auto eléctrico inclina la balanza a favor de, en este caso, la opción de Tesla. Entre enero y septiembre de 2016 se vendieron más de 30 mil unidades de este segmento.

Salud pública y sustentabilidad ecológica

Con el próximo desembarco de vehículos eléctricos más accesibles, un mayor número de consumidores deberán enfrentar la decisión y es importante la actuación del gobierno a través de la política pública. Se anuncian para 2017 el Chevy Volt y el Tesla 3, con precios alrededor de $35,000 USD. Estos son vehículos de rango y prestaciones comparables a un sedán de lujo de combustión interna.

Los estímulos fiscales y de acceso a infraestructura urbana para las alternativas eléctricas deben pesar al momento de decidir la compra. Esta elección no es solamente un asunto individual, sino de salud pública y sustentabilidad ecológica al final.

En el aspecto tecnológico y de innovación, la experiencia de un vehículo como el Tesla S es inigualable para los que somos aficionados o amantes de la tecnología, pero hay que reconocer que no todos los consumidores basan su decisión en este aspecto, por lo cual la política pública que propicie ciudades con menores emisiones y menor polución del aire –y con ello que se aproximen a ser ciudades verdes– es importante no sólo en el aspecto global (vital para nuestro futuro como raza humana), sino para evitar la producción de toneladas de dióxido de carbono muy cerca de nuestros pulmones.

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Políticas públicas para ciudades verdes
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