Pasamos de tener racks de almacenamiento del tamaño de una biblioteca, a poder almacenar más de 100GB de información en la memoria de nuestro teléfono celular.

En cada nuevo avance tecnológico el factor tamaño está presente, buscando siempre obtener el mejor resultado con la tecnología más pequeña que sea posible.

En este recorrido es inevitable encontrarnos con la nanotecnología, una ciencia que está presente en la vida cotidiana de nuestras ciudades mucho más de lo que imaginamos.

¿Pero qué es esta nanotecnología? Lo primero que podemos aproximar es que hablar de nano es hablar de algo muy pequeño, algo diminuto.

La nanotecnología es el diseño, creación y aplicación de materiales y sistemas a través del control de la materia en una escala nanométrica. Para entender la magnitud de esta escala, debemos considerar que un nanómetro equivale a una mil millonésima parte de un metro.

Así definida, la nanotecnología es un campo muy amplio que incluye diferentes disciplinas científicas trabajando articuladamente, como la química orgánica, la biología molecular o la física.

La nanotecnología entonces, necesita para existir de la intervención de varios campos y especialistas, ya que para el desarrollo de este tipo de tecnologías es necesario contar con el conocimiento conjunto de diferentes áreas.

Aunque nos parezca un término desconocido o totalmente fuera de nuestro alcance, podemos encontrar nanotecnología en ejemplos concretos con los que convivimos diariamente. Está presente en el proceso de purificación del agua a través de nanomembranas, o en los nanocompuestos de nylon que se utilizan para la producción de botellas de cerveza y otras bebidas alcohólicas, para evitar que éstas se evaporen y conserven su frescura.

Este tipo de tecnología, de gran potencia y precisión en una escala pequeña, podría aportar importantes soluciones a algunos de los problemas más urgentes de las grandes ciudades, tales como la escasez de energía, el transporte eficiente o la salud alimentaria.

El campo de la Nanotecnología nos da esa oportunidad: aumenta las posibilidades de obtener nuevos materiales, con nuevas propiedades que permitan a su vez el desarrollo de nuevas soluciones.

Recientemente la nanotecnología fue noticia debido a la puesta en órbita de Milanesat. Un satélite cuya función principal es tomar fotos de la superficie terrestre en alta definición, puede tomar fotos térmicas para conocer las características de un determinado suelo y aportar información para diferentes proyectos e industrias.

Pero, ¿cuál es la diferencia con otro tipo de satélites? Que estamos hablando de un nanosatélite, el sexto de la flota espacial argentina. Pesa un poco menos de 40 kilos y mide apenas 80 centímetros de altura.

Estos ejemplos nos permiten comprender que esta ciencia de lo pequeño está creciendo a grandes pasos y alcanzando terrenos de lo más diversos. Cabe esperar que siguiendo este camino de evolución, sus resultados sean la solución a muchas de nuestras problemáticas actuales.

Entendemos que apostar al desarrollo de la ciencia y la tecnología en nuestras ciudades nos permite proyectar un futuro mejor, donde la innovación sea la llave para crear una ciudad inteligente. Incluso si estamos hablando de una herramienta de innovación tan pequeña como esta.

Este artículo se publicó inicialmente en Política Comunicada.

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Avanzando hacia mundos más pequeños
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