Una formación relacionada con Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas es lo que significa estudiar una carrera STEM (Science, Technology, Engineering, Math). Los egresados de estas carreras tienen una gran demanda, mejor remuneración, mayor permanencia en el trabajo y condiciones de trabajo más flexibles que permiten hacer más compatible la relación familia/trabajo. Su foco está en resolver los problemas del futuro con rigor científico, investigación, innovación y creatividad, y, además, han sentado precedente y fijado las reglas del mundo digital en el que vivimos.

Para México esto es fundamental, pues cuando nos preguntamos cómo explotar el potencial y las ventajas competitivas con que contamos, debemos saber leer las señales para determinar en qué medida constituyen oportunidades reales de acción. Este artículo analiza una de ellas: la importancia de impulsar el estudio de carreras STEM desde un enfoque de perspectiva de género.

¿Por qué las carreras STEM?

Si consideramos que, además de ser la doceava economía mundial, en México:

  • Más del 50% de la población es económicamente activa.
  • Más del 65% está en edad de trabajar (entre 15 y 64 años).
  • La población es predominantemente joven (la mayoría tiene entre 10 y 24 años de edad).
  • Existe una red de tratados de libre comercio con más de 45 países.
  • Somos líderes en manufacturas avanzadas de alta tecnología.
  • Somos líderes en productividad medida en horas promedio trabajadas por empleado.
  • Ocupamos una posición de liderazgo en exportaciones del sector de Tecnologías de la Información y Business Proccess Outsourcing (BPO).
  • Somos el segundo mercado más grande de Latinoamérica para el sector farmacéutico y el noveno exportador mundial de dispositivos médicos.
  • Estamos en el top 20 del ranking de atractividad como locación offshore.

Con este potencial y orientación hacia sectores económicos relacionados con STEM, resulta incongruente que en México todavía en los grados de licenciatura, especialidad y maestría, el mayor porcentaje de egresados esté en los campos de las Ciencias Sociales y Administrativas; también es insatisfactorio que, con tales características demográficas y capacidad en fuerza productiva y laboral, apenas ocupemos el lugar 51 del Índice de Competitividad Global 2016–2017, el 47 del Doing Business 2017 y el 45 del Anuario de Competitividad Mundial 2016, por mencionar algunos.

De lo anterior, es posible identificar la oportunidad para invertir en una población joven que ya es de por sí productiva y que tiene el perfil y la capacidad para orientarse al estudio de carreras STEM. Esto tendrá un impacto positivo al fortalecer el capital humano del país, a fin de que el crecimiento se acelere realmente y se dote a las personas de mejores oportunidades para lograr un mejor proyecto de vida.

Esfuerzos con perspectiva de género

Es una realidad que existen conductas y actitudes que socialmente condicionan y frenan el acceso de las mujeres –en condiciones de igualdad a los hombres– a la educación y al trabajo formal. Muchas veces estas barreras de acceso son invisibles e inconscientes, lo que dificulta identificarlas, comprenderlas y atenderlas. Orientar desde una perspectiva de género el esfuerzo de impulsar los estudios STEM en la población mexicana es una oportunidad para tomar en consideración las disparidades, igualar el piso y enfocar esfuerzos de manera atinada. Por los campos de estudio y de acción que involucran, las carreras STEM tienen un enorme potencial para romper con el estereotipo de que existen carreras para hombres y carreras para mujeres.

Hay muchos campos tradicionalmente dominados por hombres y, además, el salario que reciben es mayor al de las mujeres por el mismo trabajo. Para abatir esta disparidad, tanto en la formación educativa como en el acceso al mercado laboral formal en STEM, los centros de estudios están activamente reclutando a más mujeres, así como también son cada vez más las empresas e instituciones del Estado que formalizan acciones específicas para diversificar su fuerza de trabajo, empleando cada vez a más mujeres.

Lo anterior es resultado de un importante y continuo esfuerzo mundial para alcanzar la igualdad social y económica entre mujeres y hombres, y es un tema relevante porque las mujeres son más de la mitad de la población, sus estudios no están orientados a STEM, su permanencia en la escuela es menor, la distribución del tiempo involucra más actividades domésticas y de cuidados de la familia, y el valor económico de su trabajo es muy alto, pero está desaprovechado.

En números

La existencia de carreras con alta demanda, mayor remuneración esperada y mejores esquemas laborales formales (por ejemplo, Ingenierías, Desarrollo de Software, Matemáticas y Ciencias como Biología, Química, Física y Medicina) obliga a indagar sobre la distribución y las características de los jóvenes y las mujeres en México. Aquí algunos datos relevantes:

  • Las cinco carreras que más estudian las mujeres (Derecho, Psicología, Administración, Enfermería y Pedagogía) no son STEM. Tres de las cinco carreras que más estudian los hombres (Derecho, Ingeniería Industrial, Ingeniería en Sistemas Computacionales, Administración e Ingeniería Civil) sí lo son.
  • Del 12.3% de la población ocupada en actividades de ciencia y tecnología, 5.8 está compuesto por mujeres y 6.5 por hombres. En 2012, 72.7% de las mujeres estaba en el área de educación y apenas 24.3% en el área de ingenierías y tecnologías.
  • La matrícula de mujeres es menor a la de los hombres. Para 2012, la femenina a nivel licenciatura era de 49.7%; sin embargo, el grado promedio de escolaridad de las mujeres es 9, el cual es menor que el de los hombres (9.3) y también por debajo del promedio de escolaridad de la población total de 15 años y más, que es de 9.1.
  • Expuesto de otra manera, terminan la primaria 97.4 de cada 100 mujeres, concluyen la secundaria 88.8 de 100 y sólo 69 de 100 finalizan la educación media superior. Entre los factores que influyen en la decisión de abandonar los estudios están no contar con recursos económicos, la necesidad de empleo, sufrir violencia (tanto al interior de la familia como en el exterior), una decisión personal o social y embarazos no planeados.
  • En México, hay 100 mujeres por cada 94 hombres; no obstante, las mujeres alcanzan apenas 42.9% de la participación económicamente activa. Es decir, de cada 100 mujeres, casi 43 tienen participación en el mercado laboral formal. Entre las principales razones por las que no tienen acceso a trabajos formales están: su edad (la mayoría tiene entre 15 y 19 años o de 50 en adelante), el nivel de instrucción (la mayoría tiene la primaria incompleta) o una relación de parentesco (muchas son jefas de hogar o no les es permitido trabajar fuera de determinada esfera).
  • Las mujeres trabajan jornadas más largas que los hombres cuando se toma en consideración el trabajo remunerado y el no remunerado. En México, por cada 10 horas de trabajo doméstico y de cuidados de las mujeres, los hombres realizan 8.3 horas, lo que influye en que las mujeres y niñas mexicanas tengan menos tiempo para destinar a estudios y trabajo formal. Las mujeres destinan 39 horas semanales al trabajo no remunerado y de cuidados, frente a 13 horas semanales de los hombres.
  • Si consideramos que, durante 2015, el valor económico del trabajo no remunerado doméstico y de cuidados alcanzó un nivel equivalente a 4.4 billones de pesos (lo que representa 24.2% del PIB del país), podemos hacernos una idea de la relevancia y el valor monetario que tiene el trabajo que de manera voluntaria o involuntaria realizan las mujeres: la contribución de las mujeres al PIB nacional a través de labores domésticas y de cuidados es 18% frente a 6.2% de los hombres.

Inversión en creatividad e innovación

Acelerar el crecimiento de México implica múltiples factores que deben adaptarse a coyunturas y tendencias nacionales e internacionales. El impulso a los estudios STEM permitirá gestar una sociedad creativa e innovadora que ve hacia el futuro y es altamente competitiva. Si, además, nos sumamos a los esfuerzos para aprovechar a un sector numeroso de la población –las mujeres y niñas mexicanas– como factor de desarrollo, estaremos potenciando económica y socialmente, en condiciones de igualdad, a todas las personas en México.

El resultado es impactante cuando imaginamos la incorporación al sector formal de la economía a todas y todos los nuevos creadores en Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas. Por eso es particularmente importante realizar un esfuerzo permanente para impulsar que los estudios STEM alcancen a los sectores de la población que lo necesitan y que tienen el potencial de acelerar el crecimiento.

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STEM y su relevancia para la igualdad entre mujeres y hombres
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