Según los resultados de la encuesta “Cities of the 21st Century” realizada por la Conferencia de Alcaldes de los Estados Unidos de América en 2016 y publicada este año, el mercado de Smart Cities en ese país se encuentra en una etapa temprana, pero muy activa y con avances rápidos. Aunque las inversiones promedio están en el orden de entre 1 y 5 millones de dólares, la cantidad de ciudades de grandes a pequeñas que se encuentran en implementación de proyectos es grande.

La encuesta se realizó entre enero y junio de 2016 y fueron 54 ciudades de 28 estados de ese país. Seis de las ciudades tienen más de un millón de habitantes, 25 de ellas cuentan con poblaciones de entre 150 mil a un millón de habitantes y 23 entidades con menos de 150 mil personas.

Con esta muestra se encontró que los proyectos de Smart City no están limitados sólo a las ciudades grandes, pues varias de las ciudades mediana y pequeñas se encuentran en etapas de implementación de estos proyectos. De hecho resulta destacable que hay más proyectos en ciudades menores al millón de habitantes. Esto se debe  a que la implementación en entornos más pequeños no sólo puede resultar más sencilla, sino que permite probar tecnología en un entorno limitado antes de que se intente realizar un proyecto en gran escala. También se debe a que las ciudades medianas y pequeñas están en un entorno de mayor competencia por atraer inversiones y fomentar el crecimiento económico, por lo que proyectos diferenciadores resultan claves en este proceso.

A lo anterior hay que anotar que la iniciativa nacional de Smart City, lanzada en 2015 por el gobierno federal de los Estados Unidos de América, privilegia los fondos para ciudades medianas, como el Reto de Smart Cities, a cargo del Departamento de Transporte de los Estados Unidos, que tiene un premio de 40 millones de dólares y sólo está disponible para ciudades de menos de un millón de habitantes.

Las ciudades mediana y pequeñas privilegian la implementación en una o dos áreas, como la iluminación o transporte público, en lugar de dirigir sus esfuerzos en sistemas centralizados de operación para toda la ciudad. Por ello los proveedores de tecnología han comenzado a ofrecer soluciones modulares que puedan ser introducidas de manera gradual, con paquetes de transporte, energía, seguridad pública y otros aspectos, que puedan “ensamblarse” y con ello no se deba optar por todo o nada, sino que pueda elegirse módulo por módulo, con base en la disponibilidad presupuestal, tiempos y prioridades de la ciudad.

La encuesta encontró también que uno de los riesgos que se enfrentan, es el financiamiento a largo plazo de las iniciativas Smart. Actualmente muchos de los proyectos están en fase de prueba piloto, pero para que se puedan destinar recursos de operación y mantenimiento, debe comprobarse que las iniciativas de Smart City generan beneficios sociales y ahorros reales.

A decir del documento, el objetivo de los proyectos de Smart City no es implementar nueva tecnología, sino aumentar la satisfacción ciudadana, y con ello la calidad de vida de los habitantes. Puede parecer un objetivo abstracto, pero el cómo vivan las ciudades sus habitantes, es un factor  muy importante para la inversión y el desarrollo económicos, así como la estabilidad social y poblacional en un entorno de población altamente móvil, como son los Estados Unidos.

Se pretende que esta encuesta se realice de manera anual a partir de este primer ejercicio y con la participación cada vez mayor de ciudades con diversos niveles de población y desarrollo.

El documento original puede encontrarse en este enlace.

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