En días pasados asistí a una consulta en una clínica del sector salud de la Ciudad de México. Después de un estudio preliminar, me dijeron que sí podían atenderme; para eso requería darme de alta con mi matricula del seguro social, popular o ISSSTE. Opté por seguir sus recomendaciones e inscribirme con el seguro popular.

“Como no disponemos de papelería –-me indicó la señorita de ventanilla–- antes de pasar a Trabajo Social debe ir a comprar cinco folders tamaño carta, color verde agua, y me los trae para abrir su expediente”.

Con mi seguro popular en mano y mis archivadores de documentos, fui a darme de alta en el área de Trabajo Social, en donde me elaboraron una historia clínica y me dijeron que el día que me toque consulta, debo acudir primero a caja a solicitar una hoja de captura, después ir a pagar 22 pesos con el formato múltiple de pago que dan en ventanilla y regresar con tres copias del pago y tres copias de dicho formato.

— ¿Dónde puedo pagar? — pregunté.

— Por aquí no hay Oxxo, ni banco, ni oficina de la Tesorería. Lo más fácil es ir a las papelerías de la siguiente calle; en una le cobran 10 pesos y en otra 5 por efectuar el trámite.

Tratando de ahorrar tiempo y dinero, di una opción:

— ¿Me puedo llevar el formato y regresar con el pago hecho el día que me toque consulta?

—No —respondió rotundamente—. La hoja de captura y el pago debe ser efectuado el mismo día que le toca asistir porque se valida la fecha del pago con el día que recibe consulta.

Insistí para evitar, al menos, una vuelta en el trámite:

— ¿Pero puedo llevarme el formato de la Tesorería y pagar en algún banco antes de llegar a la clínica?

—No. Tiene que venir a esta ventanilla a entregar su carnet para que le proporcione el formato de la Tesorería. Aquí se le retiene el carnet hasta que regrese con el pago efectuado y sus tres juegos de copias; entonces ya podrá pasar a que le confirmen la cita en el archivo.

Esta historia de terror parece haber ocurrido hace cuarenta años, pero no: sucedió en el mes de agosto de 2016 en una de las clínicas de salud de la Ciudad de México. Si agregamos que la persona que acude a su cita podrían llevar un bebé en los brazos y otro niño caminando, la situación se torna en verdadero viacrucis.

Con un poco de voluntad

¿Por qué algunos servicios han sido automatizados y otros no? La respuesta es fácil: se automatizan los que generan ingresos, los que satisfacen necesidades políticas y los que tienen carácter de seguridad. Aquellos que cumplen funciones de carácter social, como los servicios médicos, educativos o de desarrollo social, presentan rezagos muy notables.

Como profesionista informático y conociendo la realidad desde dentro, existen soluciones simples que sólo requieren un poco de voluntad para efectuarse. Por ejemplo, si actualmente tenemos bases de datos ya institucionalizadas como el CURP, RENAPO, INE o INEGI, será suficiente con implementar un web service que integre en un formulario cualquier dato para hacer cruces de información y validar rápidamente, sin llenar tantos formatos burocráticos y papelería innecesaria.

Ese simple canal de consulta de datos entre dependencias podría satisfacer muchas necesidades ciudadanas como el caso antes mencionado, aprovechando que la información que estas instituciones tienen se encuentra bien afinada y optimizada. Sí consideramos que dicha información ya es pública, es suficiente con formalizar una solicitud de acceso de consulta a los padrones para obtener tales beneficios. Estos casos son tan simples como útiles y pueden ser desarrollados, con relativa facilidad, incluso por un estudiante de los primeros semestres de ingeniería.

Un caso de uso similar con web services es el que se anuncia la Procuraduría General de la Republica: “Establecen PGR, INE y CONATRIB mecanismo conjunto para la identificación de personas desaparecidas”, por lo que ahora compartirán las huellas dactilares o biométricas, susceptibles de ser analizadas, del padrón poblacional de registros del INE.

Comités de Informática, MAAGTICSI y PETIC

Estas sencillas ideas y muchas más se plasmaban comúnmente en los extintos Comités de Informática que se reunían periódicamente y que funcionaban para ver cómo podíamos apoyarnos entre dependencias sectoriales y estatales.

Como ustedes saben, no se requieren muchos recursos, tan sólo el ingenio de la comunidad interna y la voluntad de la comunidad directiva y política. Además, si consideramos que las oficinas de gobierno funcionan de manera similar en un alto porcentaje, el intercambio de aplicaciones y tips tecnológicos ahorran mucho tiempo y esfuerzo en beneficio de las instituciones y de la población.

¿Cómo es que desaparecieron esos comités? A partir de 2010 se decretó a nivel federal una normatividad llamada MAAGTIC (Manual Administrativo de Aplicación General en Materia de Tecnologías de la Información y Comunicaciones), la cual se mantiene a la fecha aumentando algunos alcances, con el objetivo de armonizar y homologar las actividades que en materia de TIC realizan las dependencias y entidades. No sé cuál sea el avance a nivel nacional de la implementación de estos procesos, pero ahora hay que estar más ocupado en llenar formatos y cumplir con los requerimientos que se entregan periódicamente al Órgano Interno de Control.

Cuando se decretó la obligatoriedad del MAAGTICSI —su nombre actual al agregar SI, por Seguridad de la Información— para las áreas tecnológicas del gobierno dejaron en desuso la conformación de comités, cuando podían llevarse incluso paralelamente, si consideramos que el MAAGTICSI homologa normatividad, operaciones y procesos, y los foros estimulan la asociación tecnológica. De esta manera se eliminaron las posibilidades de compartir experiencias, conocimientos y recursos entre dependencias.

A fin de elaborar un portafolio de proyectos gubernamentales estratégicos se creó desde 2010 también el PETIC (Proyectos Estratégicos de Tecnologías de la Información y Comunicaciones), en el que se plantea la ruta de acciones y recursos de las estrategias de desarrollos nuevos hasta la culminación del proyecto.

Desde mi punto de vista, el problema aquí es que sigue siendo de carácter individual y no colectivo, donde cada institución propone proyectos que generalmente no se cumplen por diferentes motivos. Si en lugar de eso planteáramos un proyecto único que involucre dependencias sectoriales, al igual que instituciones colaterales, tendríamos un buen producto terminado.

Para entregar mejores resultados

Otro aspecto importante por considerar es la asignación presupuestal para áreas de tecnología, pues aún es un tabú por todo lo que implica la maduración de la propuesta. Sin embargo, sería de gran utilidad que, a nivel federal, se pudiera etiquetar un porcentaje del presupuesto asignado directamente a las áreas tecnológicas. Actualmente está destinado al área inmediata superior, por ejemplo, la dirección de administración, producción o finanzas, en una sola cuenta de recursos financieros.

En conclusión, con simples recomendaciones se pueden entregar mejores resultados en beneficio de la ciudadanía que es a quien nos debemos. Sugiero crear foros (virtuales y físicos) y/o comités de intercambio de conocimientos, aplicaciones y recursos tecnológicos.

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Simples recomendaciones de gobierno electrónico
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