Hoy una empresa de taxis anunció el lanzamiento de su aplicación para teléfonos inteligentes con la cual desean competir con los servicios como Uber, Cabify y otros que se basan en el servicio de transporte entre particulares facilitado por herramientas tecnológicas. Además de las obvias bondades que debe tener un servicio de este tipo, la empresa de taxis anunció que la aplicación está disponible en 10 idiomas, tiene un centro de llamadas y cuenta con varias adiciones que ayudan a garantizar la seguridad del usuario, desde aceptar medios de pago electrónicos hasta generar geocercas para la ruta y alarmas para hasta cinco contactos del usuario. Sin duda estas son características con las que la empresa de transporte desea generar ventajas competitivas, pero el tema no está en las miles de características que se pueden agregar a una aplicación para teléfono inteligente que por lo regular tienen, según recuerdo, más de 5 sensores, datos y una pantalla .

El anuncio de la aplicación en realidad fueron 2, si, dos aplicaciones (de inmediato me pregunté por qué dividir su mismo mercado), pero la sorpresa (al menos para mí) fue que este grupo de taxistas plantea, dados los lineamientos que el gobierno de la CDMX (Ciudad de México para los que no conocen esto de las siglas) permiten el servicio de transportación entre privados sin necesidad de rotular el auto, una competencia directa de Uber y Cabify con autos sin cromática de taxi ni placas de este tipo. Ya que la ley es por definición de aplicación general, si algo se permite para uno, se permite para todos, y hábilmente los taxistas de este grupo, a la luz de la oportunidad generada por el conflicto tomaron el camino de la uberización.

Es curioso, pero me planteo la pregunta de que el gobierno al abrir la puerta a Uber y Cabify ¿no acabó con los taxis?, ¿será el fin de los autos que cada sexenio cambian de colores, ora dorado con vino, ora rosa con blanco, ora amarillos, ora verdes? La respuesta más lógica (dados los incentivos) es que sí, es el inicio del fin del taxi. Si ya no hay necesidad de concesión para ofrecer este servicio, cualquier requisito y derecho que pida la autoridad no tiene un correspondiente en beneficios o ventajas competitivas. No hay razón para solicitar placas de taxi si uniéndose a un servicio, con el auto con las características que determinó la autoridad, puedes comenzar a trabajar.

La uberización del servicio de transporte es quizá un efecto no previsto, pero sin querer la autoridad ha acabado con la concesión de taxis. Quedan preguntas acerca de la necesidad o real beneficio de que el gobierno emitiera patentes de aprovechamiento del servicio de transporte tuviera, pero podemos comenzar a ver el triunfo de la llamada “economía de compartir” sobre la estructura tradicional.

No es el primer caso, pero curioso es también que tengamos ya nuevos verbos para definir este fenómeno. Uberizar deberá aparecer pronto en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y deberemos definir las características de esta acción para determinar si escribir un blog, escribir un documento colectivamente, compartir la red WiFi con los vecinos, no son también fenómenos de la uberización, incluso antes de que el término se inventara.

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Uberización ¿debe darse por vencido el gobierno?
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