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5 ideas clave sobre la IA de la Administración Pública

5 ideas clave sobre la IA de la Administración Pública

La posibilidad de que los robots gobiernen un país es real. Lo que llamamos ciencia ficción y que vimos en cientos de películas y miniseries, que pensamos era un cuento y que jamás veríamos en nuestra vida cotidiana, está comenzando a materializarse por los cambios tecnológicos, tales como la velocidad de procesamiento, la capacidad de almacenamiento y la miniaturización de los microprocesadores que permiten millones de cálculos en muy poco espacio y con un bajo consumo de energía.

La Transformación Digital nos ha desbordado. Sin percibirlo, hemos pasado de tener una computadora de escritorio a una portátil, de un reloj de manecillas a un reloj inteligente, de un walkman a unos auriculares inteligentes para escuchar y hablar. La prueba fehaciente de la existencia de la Inteligencia Artificial está en la palma de tu mano: tu teléfono celular. Vivimos en el punto medio donde la ciencia ficción parece estarse convirtiendo en realidad.

En el ámbito gubernamental sólo se ha alcanzado a ver a lo lejos la punta del iceberg. Dirían los funcionarios públicos: “¿Qué nos puede hacer la Inteligencia Artificial a nosotros?”. El historiador Yuval Noa Harari les contestaría: “Quien tenga el control de la Inteligencia Artificial dominará el mundo”. Por lo tanto, yo diría que mucho y, si nos descuidamos, puede tomarlo todo.

Es así que apunto cinco ideas clave para entender el impacto de la IA en el contexto nacional. Quisiera que fueran de ciencia ficción, pero son más bien primeros apuntes de lo que se está gestando.

1. “Doctor Robot, estoy enfermo. ¿Qué tengo?”

La IA ha comenzado a invadir a la Administración Pública a partir de la salud. El primer paso ha sido el expediente clínico electrónico que digitaliza nuestro historial médico. A partir de ese momento, una máquina con sus algoritmos matemáticos podrá determinar si es que todo el historial es verídico y qué enfermedades podemos tener en el corto y mediano plazo, así como establecer algunas prácticas para evitar que estemos enfermos

Una segunda etapa tal vez deje que un chip en forma de pastilla se introduzca en el cuerpo para determinar enfermedades a partir de un análisis de sangre y que pueda enviar datos por impulsos electrónicos hasta que se agote su milimétrica batería.

Eso tal vez ocurra después, pero ya es posible lograr que un reloj inteligente y un teléfono celular envíen información de salud para el registro y almacenamiento de datos, tales como la distancia caminada en un día, los signos vitales y hasta un electrocardiograma de la actividad cardiaca.

La salud se ha convertido en la mina de oro para desarrolladores de software y hardware que buscan explotar con IA nuestras enfermedades. Al gobierno le convendrá más tener esa información y diseñar políticas públicas preventivas que eviten el gasto en salud, en lugar de reaccionar a enfermedades, contagios o epidemias.

Pero, si eso no ocurre, la siguiente etapa será comprar robots médicos que no sólo tengan la experiencia y el conocimiento de los galenos más reconocidos del mundo, sino que también puedan actualizarse automáticamente en cuestión de segundos con la última información del momento.

Sí, lo sé, la atención humana podría verse disminuida, pero tal vez para esos momentos dolorosos o difíciles podemos contar con los humanos. Dejemos las tareas repetitivas y cotidianas donde pudieran cometerse errores muy graves en las manos de una generación de robots.

2. De la barredora robot al policía cibernético

Claro que suena a ciencia ficción, pero las barredoras robot para el hogar se pueden comprar en cualquier tienda de autoservicio (por ejemplo, Roomba de iRobot). El mismo principio puede ser llevado a gran escala en una ciudad. Vehículos de conducción autónoma, que desarrollan Google y Tesla, pueden ser adaptados para convertirse en barredoras, coches policía o una máquina que repare baches.

Por otro lado, los componentes de IA ya los estamos usando diariamente cuando consultamos los mapas —Google Maps, Waze— para llegar rápidamente a nuestros destinos. Sólo falta adaptarlos correctamente a un vehículo, de modo que sean más útiles en nuestras ciudades. La evolución de los servicios públicos y el mantenimiento de las ciudades atraviesa necesariamente por esa Transformación Digital.

Los nuevos servicios públicos, operados por computadoras, pueden ser el cuidado de la gente mayor, la calidad del agua y el aire, el desarrollo de energías renovables y la regulación de las actividades sociales y humanas.

El Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés) en las ciudades inteligentes es más que poner sensores en semáforos y estacionamientos; es el comienzo para impulsar los fundamentos de servicios en línea donde los humanos (o las máquinas) puedan manejar, desde un centro de control del ayuntamiento, todas aquellas máquinas barredoras, recolectoras de basura y reparadoras de baches o semáforos.

Si piensas que tal vez transcurra una década para llegar a este punto, te invito a que visites las tiendas de electrónica donde descubrirás bocinas inteligentes como las de Google Home o Amazon Eco, que hablan y reportan el clima. De repente, los servicios robotizados nos darán la sorpresa.

3. La gestión pública del Terabyte

¿Cómo optimizar al máximo el gasto público? ¿Cómo gastar el dinero de los impuestos en soluciones que tengan un impacto en la economía del país o del municipio? ¿Cómo evitar los dolores de cabeza por convencer a empresarios y grupos de presión, y proponer una obra pública incuestionable? ¿Cómo seleccionar al mejor personal para que trabaje en una dependencia gubernamental, evitando tráfico de influencias y compadrazgos? La respuesta a todas estas preguntas es la Inteligencia Artificial.

La única forma de pasar de la Administración Pública de la edad de piedra al Estado virtual es utilizando la IA. La actual generación de computadoras se encuentra recopilando los datos de todos los contratos públicos, los gastos públicos en cuentas y partidas desde hace varias décadas; su capacidad de análisis (si es que hay alguien que la explote con inteligencia) puede determinar en qué parte se puede gastar el dinero público de los contribuyentes con mayor impacto y a quién se le debe comprar algún bien o servicio porque permitirá ahorros en el corto plazo.

Poner la gestión y las decisiones públicas en los microprocesadores para hacer el análisis y los diagnósticos es un paso que nadie quiere dar. El temor de ver reducida su fuente de trabajo, al verse reemplazado por un robot que nos indica dónde colocar la mejor inversión pública o cuál es la que tiene un menor costo económico, no es algo que los políticos ni los burócratas deseen. Por eso, la gestión del Terabyte es la que mayor resistencia enfrenta.

Si las computadoras ya hacen reclutamiento y selección de personal para las grandes empresas, buscando a los mejores candidatos a través de sus bases de datos y clasificando a los que tengan mejores habilidades o desempeño, ¿por qué no hacer lo mismo en el sector público?

4. Del ciudadano inteligente a la inteligencia ciudadana

Mucho se ha escrito acerca del impacto que tiene la tecnología en nuestra vida. Nicolas Carr decía que tal vez ahora seamos más tontos que antes porque ya no recordamos ni siquiera nuestro número telefónico, que vivimos en una sociedad distraída, inmersa en las piscinas infinitas de datos como Netflix, Facebook, Twitter y WhatsApp.

Lo cierto es que nos sentimos más inteligentes al usar un “teléfono inteligente”, sabiendo exactamente cómo funciona tal o cual cosa, o cómo enviar un “meme”. El problema es que toda esta “inteligencia” deja rastros, huellas que son cuidadosamente guardadas y explotadas por grandes empresas de tecnología a través de las computadoras.

Big Data sólo ha sido un bonito nombre para designar a los centros masivos de datos, miles de millones de datos que se registran todos los días y que “alguien” está descifrando para crear perfiles de consumo o diseñando nuevos mercados que ofrecer al mejor postor.

Ciertamente, nuestros datos personales ya no son nuestro patrimonio. Estamos entregando nuestra vida a Facebook, Twitter, al centro de control de nuestro teléfono Android o iOS. Ellos nos conocen mejor que nadie, saben nuestros gustos musicales y de películas, nuestras aficiones y amistades; manejan nuestros contactos y reconocen nuestro rostro en cualquier cantidad de fotografías subidas a internet. Estamos sentando las bases para construir una Inteligencia Artificial basada en los ciudadanos.

La IA hará realidad el sueño de Orwell: podrá controlar a las masas. Mañana alguien definirá dónde vamos a trabajar, si somos eficientes, si nuestro desempeño ha subido o ha bajado —dependiendo de nuestra salud y nuestra interacción con las computadoras—, observará cuál es el mejor lugar donde debemos estar, con quiénes hay que conversar, a quién le debemos este puesto o cierta acción que realizamos.

Nuestra computadora “personal” definirá nuestra persona, nuestro patrimonio y nuestros gustos porque ha aprendido de nosotros a hacerlo. Bueno, de hecho, ya lo hace. Cada que suena una notificación en el celular, tú lo miras; otra notificación y vuelves a mirarlo; otra notificación más y lo ves. Ninguna de las tres es importante, pero tú ya cumpliste con darle atención y cariño a ese aparato del que no puedes desprenderte ni de día ni de noche. ¿Qué sucederá cuando el mismo aparato te indique qué comer, cuándo dormir y con quién convivir? Si no obedeces, podría borrar de un plumazo tu vida en datos.

5. Presidente HAL: Inteligencia Artificial del poder

En abril de 2018, un robot llamado Michihito Matsuda se postuló para ser alcalde del municipio Tama en Tokio. Fue el tercer candidato más votado, con 4 mil votos, por detrás de Hiroyuki Abe, quien obtuvo 34 mil 603 votos y Takahashi Toshihiko, con 4 mil 457. La tentación de que una máquina sin emociones, sin intereses y absolutamente imparcial pueda decidir qué es lo mejor para un país es real. ¿Podemos tener un presidente que se equivoque menos?

El problema es que darle todo el poder a una IA suena terrorífico, pero las ideas anteriores parecen demostrar lo contrario, ya que tal vez vayamos en esa dirección. ¿Qué gobernanza requiere la IA? ¿Estamos dispuestos a ponerle límites a los robots animados por esta tecnología? ¿Dónde deben estar los límites legales y/o constitucionales para el desarrollo de la IA en nuestro país y en resto del mundo?

Cuando HAL, esa computadora de la película Odisea en el espacio de Stanley Kubrick, confundió a los astronautas David Bowman y Frank Poole, diagnosticando un fallo de la antena en la nave espacial erróneamente, parece obrar en contra de la humanidad, aun cuando uno de los principios clave, de acuerdo con Kurzweil, es que esta IA debe ayudar a los seres humanos, no dañarlos.

¿Cómo permitir entonces gobernar a una máquina? Yuval Noa Harari opina que la democracia está en riesgo porque la combinación de biotecnología con la IA permitirá que se pueda controlar el “sistema operativo” de los seres humanos y, por lo tanto, saber cómo convencerlos para que voten por tal o cual personaje.

El uso de la Inteligencia Artificial en la Administración Pública es el futuro que está por llegar, pero aún no tenemos claro hasta dónde permitiremos que eso ocurra. Por ello, la discusión sobre este tema apenas se avizora en nuestro horizonte.

 

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