“Noticias falsas hubo siempre” es una frase que escuchamos frecuentemente cuando de fake news se trata. Sin embargo, lo que diferencia a esta época de otras es la capacidad para producir y difundir información de manera horizontal: como sociedades nunca antes tuvimos la posibilidad de acceder, crear y propagar tanta variedad y cantidad de información.

En esta capacidad de producción, las redes sociales juegan un papel fundamental porque proveen la infraestructura que posibilita un alcance sin precedentes en los flujos informativos. Según datos del Reporte de Noticias Digitales 2017 del Instituto Reuters, auspiciado por la Universidad de Oxford, Facebook es el medio más utilizado para consultar noticias en México: 63% de los encuestados lo prefieren.

Las redes sociales también se convierten en el mayor amplificador de información falsa. Existen páginas como InfoWars —con más de 900 mil seguidores— que propaga noticias falsas y teorías de la conspiración. Por ejemplo, InfoWars sostiene que el tiroteo que tuvo lugar en la escuela Sandy Hook (en Connecticut, Estados Unidos) en 2012, en donde hubo más de 20 muertos, fue un invento del gobierno estadounidense.

Esto es sólo un caso de tantos. De hecho, durante las pasadas elecciones en México, el fenómeno de las noticias falsas tuvo muchísima relevancia, tanto así que más de 80 organizaciones, medios y universidades levantaron el guante y pusieron a funcionar una iniciativa sin precedentes en América Latina llamada #Verificado2018, con el propósito de combatir las noticias falsas relacionadas con las elecciones y de esa manera ayudar a los ciudadanos a ejercer un voto razonado.

¿Cómo afectan las fake news al sector público?

Junto con los rápidos avances tecnológicos, las noticias falsas han hecho que los procesos de comunicación estén en constante cambio: cada día se vuelve más compleja su administración y los gobiernos enfrentan hoy un gran dilema, ya que la tecnología dio a las sociedades la posibilidad de expresarse en cualquier momento, pero la misma infraestructura contribuye a desinformar a los ciudadanos.

Esas son las dos caras de la misma moneda. De hecho, uno de los principales riesgos que esto conlleva es el daño que puede causarse a la democracia mediante la manipulación de masas.

Algunos mandatarios, como el presidente de Francia, comenzaron a tomar cartas en el asunto. Emmanuel Macron anunció a principios de este año una ley para controlar y castigar la difusión en la red, durante campañas electorales, de noticias falsas por parte de entidades extranjeras.

En México, la policía cibernética investiga 30 casos de noticias falsas generadas durante la pasada votación para elegir al titular de la Presidencia de la República, con la intención de generar un ambiente negativo. Justamente, la proliferación de noticias falsas puede afectar la participación ciudadana en procesos electorales o incluso en el cumplimiento de otras obligaciones

Otro tema se refiere a la salud de la población: en México, las consultas médicas por medio de internet han aumentado, sobre todo entre la generación millennial, de acuerdo con datos de CCW Digital 2017, y si bien las plataformas web que brindan consejos de salud podrían convertirse en una opción para combatir la enorme demanda en los hospitales públicos del país, las noticias falsas que se difunden en ese ámbito dificultan la efectividad del desarrollo de la consulta en línea.

Doctoralia, la empresa de atención médica vía internet, informó que un tercio de las noticias falsas que aparecen en la red tratan temas de salud y alimentación, algo que dificulta el trabajo de 45.7% de los médicos mexicanos.

El perfil de la audiencia mexicana

Si bien la ciudadanía mexicana muestra interés en el uso de las noticias falsas para influenciar las decisiones de los ciudadanos, el 76% no puede diferenciar entre información real y falsedades, sumado a que un 68% cree que cada vez es más complejo saber si las noticias fueron o no creadas por fuentes profesionales.

Las cifras anteriores surgen del Barómetro de Confianza 2018 elaborado por Edelman para medir los niveles de confianza de los ciudadanos en el gobierno, los medios de comunicación, las ONG y las empresas.

Por otro lado, datos recientes de la encuestadora Parametría indican que ocho de cada 10 mexicanos desconfían de las fuentes de información tradicional. Más allá de que los medios pongan atención en evitar publicar información imprecisa, los ciudadanos de a pie son quienes deben evitar reproducirla sin verificarla.

La información fidedigna y saber manejar las habilidades digitales que nos permiten tener pensamiento crítico son elementos indispensables para el ejercicio de la democracia; no podemos caer en el error de darlos por sentado, ya que, según el Foro Económico Mundial, así es como han triunfado las noticias falsas.

En ese sentido, se abre un espacio en la mejora de las habilidades de pensamiento crítico y la alfabetización digital para que los ciudadanos sepan reconocer fuentes fidedignas e ir más allá de sus sesgos y emociones. Cultivar estas habilidades requiere tiempo y práctica, por lo que ahora es más importante que nunca que los gobiernos inviertan en educación, no solamente para potenciar las habilidades digitales sino, sobre todo, el pensamiento crítico.

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Fake news en la Administración Pública
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