El lector cometerá un error si cree que la transformación digital en la que vamos a tener que vivir en los próximos años es una transformación tecnológica. Sí, la transformación digital se hace posible por el despliegue de nuevas tecnologías, pero estas son sólo un ingrediente necesario, no el sujeto ni el objeto del cambio. La transformación es mucho más profunda. Lo que está digitalizándose es la sociedad, la cultura, la política, los trabajadores, los consumidores. Estamos presenciando el cambio a una nueva hipersociedad. Una sociedad post-industrial en la que todo está acelerado, todo es más inmediato, más automático, más complejo. Esta hipersociedad viene caracterizada por una serie de hipercaracterísticas, o vectores de transformación:

  • Hiperconectividad: En primer lugar, los individuos estamos permanentemente conectados, en línea, compartiendo nuestra visión de los eventos cotidianos, interactuando con otros individuos y con las marcas. Las tecnologías móviles y la ubicuidad de la conectividad provocan que estemos permanente generando y expuestos a una avalancha de información cuya dimensión resulta difícil de gestionar especialmente para los analógicos digitales.
  • Hiperinformación: Los consumidores hiperconectados son a la vez llama y combustible de la explosión de información digital. Disponemos de más información que nunca. Estamos infoxicados, utilizando el término de Alfons Cornella. Desde 2013 hasta hoy se ha generado el 90% de la información disponible en toda la historia. Dentro de las competencias de los trabajadores en el nuevo siglo, ser capaces de gestionar esa avalancha para seleccionar lo relevante, es cada vez más importante.
  • Hipertransparencia: La digitalización acarrea una absoluta transparencia. Los modelos de negocio, las propuestas de valor, las ventajas competitivas, los precios, están permanentemente expuestos y son inmediatamente visibles en el mundo hiperconectado. Esta hipertransparencia va a llevar aparejada la comoditización acelerada y la desintermediación, que ya estamos presenciando.
  • Hiperpersonalización: El cliente digital busca y exige experiencias personalizadas, y por primera vez las empresas están en disposición de poder proporcionárselas. Disponemos de tecnología para crear experiencias únicas adaptadas a las necesidades y deseos de nuestros clientes, algo que va a dejar de ser un añadido diferencial para convertirse en un requisito imprescindible para tener éxito.
  • HIpercuantificación: Por primera vez en la historia, empezamos a estar en disposición de medir el mundo. El hombre va a disponer de tecnología para sembrar el mundo de sensores que cuantifiquen la experiencia vital, objetivando la realidad, haciéndola aprehensible. En el pasado no disponíamos de esta capacidad, por lo que nuestra comprensión del mundo era fundamentalmente cualitativa. Ahora podremos interactuar con el entorno a partir de la información que recogemos de él. La información generada con este proceso de sensorización y cuantificación nos coloca ante retos de gestión extraordinarios, para los que sólo comenzamos a prepararnos. Las ciudades serán más inteligentes, los individuos más capaces, las empresas más sensibles.
  • Hiperautomatización: También por primera vez, estamos en disposición de analizar de manera automatizada esa información del entorno para comprender el pasado, predecir el futuro y alterar el presente. El ser humano va a disponer en tiempo real de conocimiento que le va a permitir tomar mejores decisiones y va a delegar en máquinas algunas de esas decisiones cotidianas. El cambio cultural es muy profundo: los seres humanos vamos a tener que convivir con un entorno que toma decisiones hasta extremos impensables. La intuición dejará paso a los hechos en numerosas decisiones, porque ahora dispondremos de evidencias de las que antes carecíamos
  • Hiperrealidad: Las fronteras entre lo digital y lo físico son cada vez más difusas. Ambos espacios están convergiendo aumentando la experiencia física con elementos digitales. Desde las fallidas Google Glass hasta los relojes inteligentes, se abren diariamente nuevas posibilidades para la inmersión en una realidad aumentada. Las compañías están empezando a aplicar estas tecnologías con objetivos de negocio, creando nuevas experiencias que van más allá del tradicional alcance de los productos y servicios. Los probadores digitales de Macy’s o la sensorización de los vehículos son sólo pequeños indicios de las “experiencias inmersivas” que veremos en los próximos años. Novedosas aplicaciones en el ámbito de la medicina y de la atención a la tercera edad aparecerán creando un nuevo paradigma del estado del bienestar

Publicado originalmente en el sitio de UANOU

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