De las formas más variadas, desde hace más de 20 años, se ha insistido en la importancia de la automatización de las operaciones de una empresa a lo largo de la cadena de valor, con el propósito de aumentar la productividad, la competitividad y el valor.

Una gran cantidad de empresas y consumidores han disfrutado los beneficios de la incorporación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en las operaciones. En paralelo, el desarrollo científico y tecnológico ha continuado; su paso es impresionante y ha hecho posible el rediseño de los negocios, e incluso la creación de nuevos conceptos a partir del uso intensivo de la información.

El surgimiento de estos nuevos modelos de negocio donde los datos se vuelven conocimiento (algunas veces en tiempo real) parte del principio de colocar al consumidor, en sus diferentes dimensiones, en el centro del diseño mismo de los negocios, los cuales son orientados por los impulsos que el consumidor genera y por los datos que produce a lo largo de su día.

La Transformación Digital consiste en el diseño del negocio, sus procesos y la interacción con los clientes, así como con los eslabones de la cadena de valor, y el reconocimiento y uso de la información útil para la empresa que se encuentra en el ecosistema donde se desempeña –o puede desenvolverse– el consumidor actual o potencial.

La automatización de las operaciones y la disponibilidad de los acervos de información son prerrequisitos de la existencia de una estrategia de Transformación Digital.

Hay que subrayar que, si bien para algunas empresas representa toda una novedad la incorporación de sistemas integrales de operación de los conocidos como ERP, CRM y MRP, entre otros, lo cierto es que son innovaciones de hace 10 a 20 años, por lo que es preciso asumir que la tarea de automatización es relevante.

Sin embargo, lo más importante ahora es disponer de una oferta competitiva que ponga al alcance de los consumidores productos y servicios que “lean” sus aspiraciones y se anticipen a sus necesidades.

El reto de que las cosas sean diferentes

Los multicitados casos de Uber, Airbnb, Waze, Amazon y otros tantos más son ejemplos de cómo se pueden idear soluciones que no se limitan a hacer mejor lo que ya se conoce, sino a “reinventar” los servicios existentes, potenciándolos a partir del uso diferente de la información y la tecnología.

En el proceso de toma de decisiones para el rediseño de los negocios, es imprescindible la participación del más alto nivel de la organización y asumir el reto de que las cosas serán diferentes. Obviamente habrá empresas que nazcan bajo este nuevo paradigma y serán retadores naturales del mercado que atendemos actualmente.

Un interesante texto escrito en 2014 por Westerman, Bonnet y McAfee (titulado Leading Digital. Turning Technology into Business Transformation y publicado por la revista Harvard Business Review) presenta un modelo para emprender un proceso de Transformación Digital en negocios en marcha. Ellos señalan cuatro etapas y 12 pasos principales de este esfuerzo, que podemos resumir así:

 

  • Primero hay que cultivar la idea, lo que requiere preparar a la organización para el cambio, establecer los puntos de arranque y apoyo, definir la visión que queremos alcanzar y alinear al equipo directivo en torno a ella.
  • El siguiente paso es definir las inversiones necesarias, enfocándolas en los aspectos clave de la transformación. En esta etapa debe construirse un modelo de gobernanza distinto al actual para garantizar el éxito de las iniciativas.
  • Luego es necesario movilizar a la organización para alcanzar los objetivos propuestos, estableciendo las reglas y los procesos requeridos.
  • Por último, se debe sostener la transición digital, que implica el desarrollo de las habilidades, el establecimiento de los incentivos y el monitoreo constante del proceso de cambio definido.

 

Los empresarios y los emprendedores enfrentan habitualmente una realidad cambiante; sin embargo, el rasgo distintivo de esta época es que los cambios están sucediendo de forma cada vez más acelerada, lo que obliga a revisar con frecuencia la planeación estratégica de los negocios e incluso a modificar el patrón de desarrollo concebido, pues la competencia local y global aparece con nuevas propuestas que inciden en el mercado meta de las empresas.

La apertura de mercados, el progreso tecnológico y las nuevas fórmulas para innovar han configurado fenómenos hasta hace poco insospechados. Dos ejemplos: las micromultinacionales y el crowdfunding.

Un par de décadas atrás o quizá menos era prácticamente impensable establecer una compañía con alcance global que tuviera la capacidad de influir directamente en el consumo, si no era mediante una estructura robusta, organizada a través de subsidiarias o de una red de asociados.

Ahora, modelos de negocio que se desprenden del uso intensivo de la tecnología han dado lugar a la conformación de empresas como Facebook, Google, WhatsApp, Rovio y muchas otras más. Esas empresas han podido crear economías de red que invitan a los usuarios a pertenecer “pagando su membresía” mediante el uso de sus datos.

Las formas de financiamiento de iniciativas emprendedoras también se están transformando. Los bancos y las financieras igualmente se encuentran en un proceso de cambio, pero éste ocurre a una velocidad más lenta que la esperada por el mercado. Métodos alternativos, no exentos de riesgo, se despliegan con el propósito de obtener los recursos financieros necesarios para diseñar prototipos, instalar nuevos establecimientos y producir películas, programas y música, por ejemplo.

Más allá de los cambios en las empresas, lo que debemos tener presente es que las personas están modificando la forma en que aprenden, comparten, consumen, demandan, se entretienen y se comunican.

Estos cambios son parte –y al mismo tiempo animadores– de una transformación social más profunda que está configurando formas diferentes de convivencia y nuevos retos para su calidad de vida en un entorno que les ofrece una esperanza de vida prolongada, pero también una sustentabilidad amenazada no sólo en términos ecológicos, sino de seguridad personal. En más de un sentido podemos decir que es un juego nuevo.

Repensar los negocios y transformarlos digitalmente es crucial. Claramente continuarán por muchos años las formas tradicionales de hacer empresa, pero inevitablemente irán perdiendo competitividad y serán desplazadas por formas alternativas de ofrecer satisfactores más atractivos para los consumidores.

¿Qué tan pronto debes reaccionar? ¿Estás seguro de que cuentas con el tiempo suficiente? ¿Habrá surgido ya tu competencia digital y no te has percatado? ¿Estás ante la oportunidad de desmarcarte de la competencia?

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Transformación Digital: arma para la competitividad
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