Gobierno Familiarmente Responsable
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Recientemente leí en un libro el término de Empresa Familiarmente Responsable[1]. Este no es un tema nuevo, pero me llamó la atención reencontrármelo justo ahora que mucho se dice sobre los cambios en la cultura gubernamental de México, en términos de la ampliación de horarios y jornadas laborales. [2]

Empresa Familiarmente Responsable es aquella que implementa acciones para que las personas que trabajan en ella concilien la vida laboral, familiar y personal, asimismo, impulsa prácticas que promueven un ambiente equitativo en todos los sentidos y de recuperación del respeto y la moral interna.

En México es complicado reflexionar sobre el ámbito personal que tienen los trabajadores porque es un país cuya base productiva se sostiene de organizaciones de tipo mecanicistas, es decir, aquellas que ven al colaborador como un recurso o pieza al servicio de la organización y no como un ser humano que forma parte de ella (por supuesto existen excepciones en este sentido).

En términos políticos, si es verdad que en México existe un ánimo de cambiar al país y sacar lo mejor que todos, tenemos que evolucionar y convencernos de que el empleo no es un simple método de producción, sino un medio a partir del cual, siendo la gente productiva, se cumplen distintas condiciones de su desarrollo integral.

En términos sociales, si la ruptura de la base familiar devenida de la necesidad de familias de doble ingreso ha traído problemas estructurales en la sociedad (depresión, delincuencia, drogadicción, abandono, por mencionar algunas), la conciliación integral se vuelve en un tema de política pública que apremia.

Para fortalecer a la familia es urgente que padre y madre encuentren condiciones para volver con sus hijos y acompañarlos en su crecimiento, asimismo, que las parejas sin hijos tengan la oportunidad de construir matrimonios sólidos; en términos individuales resulta preciso que todos fomentemos la salud física, la sociabilización (no sólo con los compañeros de oficina), la vida intelectual y la espiritual. Todo lo anterior sólo puede lograrse con tiempo.

Haciendo una figuración, los seres humanos somos “mesas de varias patas”, si algunas están más débiles que otras el desempeño no es óptimo. De manera puntual, cómo se puede esperar que una persona dé lo mejor de sí en el trabajo si está con la mente en el exterior, en enfermedades de los hijos pequeños, los cortes de clases escolares, los problemas propios de la adolescencia, rencillas de pareja a causa de la lejanía o la poca cooperación, enfermedades a causa de una vida sedentaria o sentimientos de soledad en términos amistosos; simplemente no es posible.

Pese a las declaraciones que ha hecho el gobierno electo en México, todas estas posturas podrían tener cabida en un plan integral de cambio de la cultura administrativa. Existen sutilezas que bien podrían considerarse para hacer conciliar la postura política y la necesidad de responsabilidad familiar que tiene el gobierno.

En la declaración que señala que se trabajará de lunes a sábado, justo es decir que no se ha dicho que cada persona en lo individual lo hará, más bien se ha transmitido una idea en la cual se hace ver que el gobierno estará funcionando durante toda la semana y de tiempo completo. En este sentido, se pueden establecer semanas escalonadas de acuerdo con las particularidades de cada persona u oficina. Esto abriría la puerta a planteamientos inexplorados en el gobierno, como tener jornadas con un día de descanso a la mitad de la semana y uno al final, por ejemplo. Además se podrían establecer horarios diferenciados o retomar el uso de los horarios matutino, vespertino y nocturno, ayudando además a otros aspectos que afectan la vida cotidiana  como el tránsito, la contaminación y la ocupación saturada de espacios de oficina, por poner otros ejemplos.

Respecto de la postura de trabajar al menos 8 horas, esto no es nada nuevo, además así lo establece la Ley. En este aspecto, vale retomar aquella frase atribuible a Microsoft que dice “trabajar es algo que se hace, no un lugar a dónde ir”. Por lo mismo, esto no requeriría que la oficina sea el punto inamovible de encuentro para culminar con las 8 horas. Como siempre lo principal será retomar el esquema de trabajo basado en objetivos, que hay que aceptar que se quedado inacabado por la falta de competencia, principalmente de los directivos, para poder gestionar con base en estos supuestos.

Hay aspectos que son más casuísticos, como implementar medidas en función de las necesidades específicas de cada trabajador. En el caso de los hombres, deben darse posibilidades para que se involucren con sus hijos, que los lleven a la escuela, que los recojan, que hagan tarea con ellos, hacer de las ausencias por paternidad y de los permisos por enfermedad no un derecho sino una obligación para los padres. Uno de los problemas en los padres es que hemos estado tan poco tiempo con los hijos que es difícil volver a conectar con ellos, por eso es necesario dar la posibilidad para que esto suceda.

En el caso de las madres, además de las anteriores, es necesario facilitar el acceso al desarrollo profesional basado en el mérito y no a las horas de oficina. Una de las principales rupturas de las madres con los hijos o de la ausencia de éstas en las familias actuales se correlaciona con la dificultad de acceso a puestos de mayor responsabilidad, si el ámbito de evaluación se circunscribe a las capacidades y la obtención de resultados y no a la presencia, muchas de las profesionistas madres podrían tener una carrera espléndida en beneficio propio y de la organización, devenida de condiciones más igualitarias de desarrollo.

Lo mismo puede hacerse para buscar soluciones en colaboradores jóvenes, solteros, en fin, la gama de posibilidades que componen el mosaico organizacional. Las medidas emprendidas forman parte del llamado Salario Emocional que puede compensar sin duda algún ajuste en las retribuciones, como también se ha declarado.

Las medidas anteriores, combinadas con la inyección de una visión trascendente sobre los objetivos que estará buscando el nuevo gobierno pueden resultar en asombrosos aciertos. En este sentido, nada de discordante tiene buscar una gestión efectiva con construir de una nueva cultura productiva, en la que el gobierno puede y debe poner el ejemplo.

[1]Chinchilla,  Nuria y Maruja Moragas (2013): Dueños de nuestro destino: cómo conciliar la vida profesional, familiar y personal. España: Planeta.

[2]Sólo al margen quiero decir que mucho también me sorprendió encontrar que existe en la actualidad un programa de certificación del gobierno hacia las empresas para que éstas implementen acciones en el tema; a juzgar por la actual cultura gubernamental que, dejando el tema de los sueldos y prestaciones de lado, poco ha hecho para impulsar los temas precisamente Familiarmente Responsables. La liga para mejor referencia es: https://www.gob.mx/stps/articulos/convocatoria-distintivo-empresa-familiarmente-responsable-2018-149402?idiom=es

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